Por favor, que sea gol


«Por favor, que sea gol». Impresiona.

¿Dónde va? ¿Qué más le da? Vais cuatro a cero. No puedes poner la mayor cara de desesperación que he visto en un campo de fútbol.

De hecho, en cierto sentido, habla mal de él.

Incluso dentro del fútbol, uno se desespera por cosas importantes: ganar, no quedarse con uno menos en una semifinal, marcar el penalti decisivo...

Pero no. Tú necesitas ese gol. Ese más uno en las estadísticas. Es individualista. No es de equipo. Es egoísta. Es la desesperación por figurar.

Y, sin embargo, hay algo en esa mirada que me fascina.

Tiene algo de épica. De negarse a rendirse. De levantarse una vez más. Hay tantísima tristeza en esos ojos... Esa sensación de que, si las cosas no salen, la respuesta nunca es dejar de intentarlo, sino intentarlo todavía más.

Tiene algo de luchar contra un oso con las manos. De devolverle la mirada al abismo. De ese «contra todo y contra todos» que me enamora en cualquiera de sus formas.

Y cuando esas historias terminan con el gigante desplomándose, tienen algo de sublime.

Porque ganar lo cura casi todo. Campeonar hace que olvidemos lo malo. Mola ganar. Y mola, todavía más, ganar sin figuras.

Esta selección, aunque responde a la misma idea, no se sostiene sobre jugadores que son el mejor del mundo en su puesto. No hemos ganado con Casillas, Puyol, Piqué, Xabi Alonso, Busquets, Xavi, Iniesta o Villa.

Hemos ganado con Merinos y Oyarzabals.

Así que esta selección ha mirado a la de 2010 y le ha recordado algo que todos los españoles sabemos:

«Con poca polla también se folla».

Por favor, que sea gol
Por favor, que sea gol